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sábado, 26 de septiembre de 2015

LA ENFERMEDAD DEL OLVIDO





Hace muchos años cuando era niña, mi padre solía sacarme a pasear casi todos los fines de semana. Era algo común que saliéramos a todos lados, visitábamos parientes lejanos que yo no recordaba y muchos amigos suyos donde entablaban conversaciones que yo no entendía. Era como si el quisiera tener su vida normal pero incluyéndome en ella. Una de esas tantas visitas de gente que no recuerdo bien y de casas que solo visite una vez o máximo dos fue en un barrio del sur de Guayaquil, cerca del hospital Teodoro Maldonado Carbo (es todo lo que recuerdo, yo solo era una niña). La casa era de gente acomodada, o fue mi impresión a mi corta edad, por los cuadros y hermosos jarrones que tenía. Conocí a un matrimonio de cincuentones, con hijos adolescentes. La hija de unos 12 años, (yo tenía como 10) tenía una colección de muñecas Barbie que a mi me había dejado con la boca abierta y alguien que nunca olvide fue al hijo mayor. No recuerdo bien su cara y no recuerdo su nombre pero su sonrisa era encantadora y era muy bromista. Era mayor que la joven y se que ya tenía unos 18 años porque ya conducía y eso tiene mucho que ver con lo siguiente que paso. Almorzamos ahí, pasamos una linda tarde. Al año siguiente, en que los visitamos de nuevo, este joven había muerto. Fue un accidente de auto.

Caí en cuenta de lo ocurrido escuchando la conversación de mi padre con este matrimonio y note que el ya lo sabia de antemano; salimos después con el dueño de la casa en su auto para hacer unas compras al comisariato y el señor iba relatando como había muerto su hijo, en que calle, las circunstancias. "Como quisiera acabar con ese tipo con mis propias manos, así como me quito a mi hijo" dijo de pronto mientras conducía, refiriéndose al hombre que había provocado el accidente; a punto de llorar, apretaba el volante con las manos...yo temía que el hombre choque, inundado por sus emociones. Luego se calmo y nos pidió disculpas a mi padre y a mi, que nos habíamos puesto muy nerviosos.

Quisiera recordar muchas cosas pero no puedo. Cuando se es niño se retienen mas las sensaciones que los nombres y las situaciones. En este caso en particular quisiera poder recordar los apellidos de esa familia, el nombre de la hija menor, visitarlos, saber como están ahora. Preguntarles como hicieron para olvidar, si es que lograron hacerlo. Ellos me agradaron tanto cuando los conocí que lo que les sucedió me entristeció mucho, hasta hoy. Y no puedo recordarlos bien, sin embargo lo que sentí no puedo olvidarlo.
A lo largo de nuestra vida nos relacionamos con mucha gente pero también de con otras personas que no llegan a tocarnos y marcarnos. Quiero pensar que esos que logramos ver solo una o un par de veces y dejaron una huella, un recuerdo imborrable, aparecen como ángeles fugazmente para enseñarnos algo o hacer que pensemos en ellos y los recordemos como algo hermoso, ya que los momentos hermosos suelen ser escasos.

El olvido es a veces una enfermedad. Lo que deseamos recordar, se nos va de la mente. Las cosas dolorosas suelen prevalecer mas tiempo. Por que no puedo recordar, por ejemplo a mas de la sonrisa de ese joven, su nombre o su apellido ? Porque no recuerdo el nombre de su hermana o su mamá que fueron tan amables conmigo ? Por que lo que mas retiene mi mente es aquella frase tan dura de aquel señor al recordar al hombre que chocó a su hijo y le causó la muerte ??

Es tan triste el hecho de que la enfermedad del olvido nos deje las secuelas mas dolorosas muchas veces y se lleve los buenos momentos.

Tal ves esto nos enseña que deberíamos vivir con mas intensidad lo que nos hace felices, para que nunca se nos borre de la mente.

Es la única explicación que se me ocurre.



Con cariño, para todas esas personas que extraño y hoy no se donde están.

domingo, 19 de julio de 2015

“OJALA PUDIERAMOS VOLVER EL TIEMPO ATRÁS”… pero, para qué ?






No, no quisiera volver a pasar por eso. Tenemos que añorar el pasado ? No precisamente. Solo recordarlo, pero no esperar que vuelva, no vivir a través de él. No quisiera volver a ser una niña solitaria, no quisiera revivir los problemas familiares, las necesidades económicas, la angustia de mi mama cada año cuando tenía que inscribirme en la escuela y no le alcanzaba. No quiero ver sufrir de nuevo a mi mama.




No quiero volver al colegio y tener que pasar todo un año con el mismo uniforme. No quisiera que mis amigas se vuelvan a burlar de mi por ser muy delgada, perderme todas las fiestas por no tener un vestido. No quiero volver a sentir prisa por crecer. No quiero volver a sentir el miedo que tenia el primer día en la universidad y todas las clases practicas con el insoportable hedor de formol de los cadáveres, revivir mi angustia al ver como se disecaba el cadáver de un niño y volver a pensar "no puedo hacer esto, no lo voy a lograr nunca". No quiero volver a sentir lo que sentía en esos días, que no podía lograrlo, que era mejor abandonarlo todo.
NO, otra vez...
No quiero tener miedo de nuevo por tocar un paciente vivo por primera vez. No quiero llorar de nuevo por el primer paciente a mi cargo que murió, aunque haya estado muy grave y no se pueda hacer nada. Me niego a volver a sentir que alguien puede morir por mi culpa.
No quisiera volver a pasar mi primera decepción amorosa y las siguientes; volver a sentirme sola, como si los errores hubieran sido solo míos y no fue así. Me niego a volver a sentir que yo soy la culpable de que alguien haya decidido no amarme.
Solo quiero olvidar y dejar ir..
No estoy dispuesta a ver morir a mi tío y a mis abuelos otra vez. No quiero tener esa sensación de impotencia de nuevo, aunque se que otro de los que amo, algún día también morirá. No quiero revivir la partida de quienes aun deseo conmigo.


Por qué querría pasar por todo eso de nuevo??

Y es que los días felices fueron muchos, inolvidables, irrepetibles; pero van acompañados de también de tristeza. Todo va de la mano. Ojalá pudiéramos seleccionar en nuestra mente solo los recuerdos felices pero todos sabemos que al recordar algo hermoso inevitablemente llegan también a la mente todas esas cosas que nos hicieron sufrir. Por que el mundo no es así de fácil. Y si existiera la tan ansiada maquina del tiempo, para volver a los que amamos y se fueron, para volver a lo que nos hizo felices, también estarán ahí las decepciones, enfermedades y tristeza. Tendríamos que aceptar todo el paquete junto y no, no estoy dispuesta a regresar a eso.
No quiero llorar otra vez por los que se fueron. No deseo esa sensación otra vez
Una vez escribí que debemos atesorar nuestros recuerdos porque ellos nos hicieron lo que somos hoy. Porque son nuestros tesoros mentales. Pero recordarlos no es igual que vivir a través de ellos . Es necesario vivirlos y dejarlos ir. Porque así debe ser.


Leí un artículo hace poco sobre una escritora que presenciaba una reunión de ex compañeras de colegio en un café. Una de ellas dijo , "¡Salud por los años compartidos, ojalá pudiéramos volver el tiempo atrás!” en el brindis. La escritora no estuvo de acuerdo ya que revivir el pasado no estaba entre sus prioridades y se pidió una copa de vino para, silenciosamente brindar por lo inverso: "salud por las amigas y por el tiempo que, felizmente, NO vuelve"
 
Amo cada día de mi vida por su amanecer, su atardecer, su anochecer y su madrugada. Porque así como viene, se va. Y porque eso me recuerda que nada es tan malo porque nunca dejaran de transcurrir las horas y luego lo malo terminara, de una forma u otra.

Así es como debe ser y así será, siempre.




- Inspirado en un artículo de la revista Hogar de junio 2015, "La Maquina Del Tiempo" de la escritora quiteña María Fernanda Heredia; me hubiera gustado estar en ese café con ella aquel día ; y dedicado a los amigos, enemigos, amores y demás que deje en el pasado. Quédense ahí, por favor -


 
Adios a los buenos tiempos vividos...y a los malos tambien